Hoy hace frío sin tus brazos. Cada vez que te vas llega el invierno y necesito la calidez de tus ojos para aguantar este corazón bajo cero. He intentado inventarte el el humo del café, ése que quema por dentro, incluso te he buscado en todas las gotas de lluvia que han caído en el retrovisor de mi vida. He puesto tu nombre al viento, el que se cuela entre los dedos y te cala los huesos. Por más que lo he intentado, nada. Y yo aquí, que sólo quiero ser tu anticiclón.

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